La trazabilidad cuesta, pero vale.

Más allá del análisis del tema en el contexto de la ganadería panameña, los conceptos y conclusiones son adaptables no solo a la actividad ganadera en otros países centroamericanos, sino también a toda su producción agroindustrial.

«La exigencia de registros de trazabilidad se populariza en Europa como respuesta a la contaminación de las carnes bovinas alrededor de 1996. Hoy día es un requerimiento rutinario de los mercados desarrollados, al punto que si Panamá desea aprovechar las oportunidades que la economía globalizada dispone, debe cumplir para poder acceder a esos mercados. En este sentido, puede interpretarse como un requerimiento que indudablemente implica costos. Pero por otra parte, como se indica arriba, la necesidad de registros es indudable para el mejor manejo de los hatos, ya sea con exportaciones o sin ellas. En este otro sentido, la trazabilidad es coadyuvante con las necesidades de mejoramiento de los procesos productivos.
Hay otras aristas que merecen ser investigadas. Los incentivos que otorgan los CEFA así como los mejores precios que se obtienen en las exportaciones de carne, habrán de beneficiar a las plantas exportadoras como a las fincas ganaderas. De otra manera, el ganadero local no tiene incentivos para invertir en las mejoras que requiere el sistema de trazabilidad. Igualmente, el Gobierno deberá mejorar sus mecanismos de supervisión sanitaria tanto a nivel de campo, como de laboratorios y plantas procesadoras. Y esto requiere recursos.»

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